Yoga y psicoterapia


Es curioso que al presentarme como maestra de Yoga una de las respuestas más sonadas suele ser: “Yo no tengo flexibilidad para hacer eso” ; supongo que me imaginarán haciendo posturas imposibles de esas en las que piensas que te vas a romper.

Es curioso pensar que todas las inflexibilidades corporales se hallan ancladas a nuestras rigideces mentales, pero a esto ya llegaremos más tarde.

La práctica de yoga más allá de una secuencia de posturas ( asanas) que nos hacen movilizar cuerpo, pasa también por la movilización de energías y de pensamientos. Uno de los grandes terapeutas del siglo pasado fue Wilhelm Reich, discípulo de Freud, ya hablaba de un análisis caracteriológico por el cual nuestros problemas emocionales se anclaban a nuestra musculatura bloqueando movimientos y estableciendo barreras que impedían liberar nuestro potencial psíquico. Años más tarde Alexander Lowen, creador de la Bioenergética, desarrolla la teoría de la fuerte interrelación entre el cuerpo y la mente y cómo el ser humano podía influir en sus actitudes mentales si trabajaba de forma sistemática y con métodos adecuados su propio cuerpo.

De este modo la práctica de yoga es un fuerte movilizador de actitudes, una vía para el contacto con la vida y de recuperación del aquí y ahora a través de los sentidos y la meditación estática y/o en movimiento.

yoga poseLa realización pasa por el contacto

Muchas veces se habla del contacto como si hablásemos del nirvana, un estado de realización que no siempre está al alcance de todos, pero una vez nos acercamos a la comprensión y vivencia de esta palabra podemos encarnarla de una forma bien sencilla. No se trata del contacto con lo superior, comencemos por pequeños pasos antes de la escalada vertical.

Durante una práctica de yoga se anima a darse cuenta de cómo está nuestro cuerpo ahora, de cómo nos sentimos haciendo una u otra postura, se busca la observación de la respiración y de sus variaciones, se propone la responsabilidad a cada uno de permanecer en la postura o bien salir; así como hacemos en las situaciones de la vida diaria sin llegar a plantearnos muy bien para qué hacemos estos cambios de postura, de amistades o de ciudad.

Se podría decir que la práctica de Yoga se plantea como un corte transversal de la vida en la que aparecerán las problemáticas que cargamos dentro y fuera de la sesión; así como un espacio de experimentación donde hacer algo diferente a medida que vamos consiguiendo nuevas herramientas.

El contacto pasa por el continuo del darse cuenta aquí y ahora; que al practicarlo en Yoga puede extenderse con disciplina a nuestro día a día, siendo mucho más conscientes de nuestras necesidades, nuestros límites e inflexibilidades.

El contacto con la vida

Mis primeras clases de yoga como alumna fueron complicadas, pues la atención dedicada a la respiración me hacía perder el equilibrio así como la paciencia, resultaba que a mis 22 años por esa época todavía no sabia respirar! ¿Cómo podía ser eso?

Poco a poco puedo comprender que no es que no supiese, sino que nuestro cuerpo, sabio, había desarrollado complejas técnicas para protegerme de determinadas emociones que yo quería bloquear; así mi respiración se quedaba en la parte superior del pecho sin poder oxigenarme al completo.

La respiración es lo que nos mantiene vivos junto con los latidos del corazón; es nuestra conexión con la vida y de éste modo el baremo de medir la calidad de ésta; si estamos bloqueando nuestra respiración en algún punto, también se acorazan respuestas creativas y puntos energéticos. Si hacemos un experimento y comenzamos a agitar nuestra respiración, después de un minuto podremos observar que todo nuestro cuerpo se agitó llevándonos a un estado de pseudoansiedad; así, las modificaciones de la respiración suavizan o intensifican emociones.

Aprender a conocer y observar nuestro modo de respirar, ser dueños de cómo retenemos expiraciones o inhalaciones nos ayuda a ser más conscientes y responsables de nuestros estados de ánimo y darnos cuenta de la necesidad que nos inunda para poder satisfacerla.

inhale

De nuestras inflexibilidades

Os propongo aquí otro experimento, la próxima vez que camines por la calle pon atención a tu forma de caminar, a cómo se sitúa tu cuerpo y cómo te sientes en ese momento; luego observa la gente que te rodea e intenta imaginar cómo se están sintiendo por su postura corporal: si tienen los hombros encogidos hacia delante, si por el contrario van sacando pecho, si tienen la espalda encorvada, si andan de puntillas o pisan fuerte, si llevan la cabeza baja o miran por encima del hombro, si caminan rígidos o curvilíneos… Otro paso en este experimento puede ser que adoptes su forma de caminar o de pararse en el semáforo y ver cómo te encuentras en esta nueva forma de caminar por la vida… Esto podría ser una clase de yoga!

Como comentaba al inicio, nuestras emociones y dificultades intrapsíquicas están altamente ancladas en nuestra estructura corporal, pues las tensiones emocionales no expresadas, a veces buscan su vía de escape a través de la contracción física-muscular. Ser consciente de nuestras inflexibilidades, de cuándo y cómo ocurren nos permite trabajar con los puntos bloqueados a través de su movilización y ajuste.

La práctica de Yoga continuada en el tiempo es una terapia para los sentidos, de reencuentro con nuestro ser al dotarle de espacio de expresión y comprensión, es un camino hacia la felicidad y el propio entendimiento, el viaje del desapego de nuestras identificaciones con las limitaciones para descubrir las ventanas de posibilidades creativas que moran en nosotr@s. El yoga es la vía de retorno al si mismo y restauración del estado de bienestar. ¿Te atreves?

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